Estaba emocionada por ir a comer a Valparaíso, ya que contábamos con una lista de 4 restaurantes vegetarianos en ese lugar, y luego de quedarnos dos días en Viña y tener muy pocas opciones de comida, ir a un lugar que ofreciera variedad de delicias era lo que nuestro paladar esperaba.
Elegimos ir a Bambú, pero lamentablemente estaba cerrado: mala idea cerrar un restaurant a la hora de almuerzo un día domingo en lugar taaan turístico como Valpo. Lo bueno es que andábamos con un mapa que tenía el aviso de un restaurant de comida vegetariana ubicado en Condell, se llamaba Jardín del Profeta.
El local se nota nuevo, de hecho, cuando fui en Enero recuerdo que ahí me compré un pastel con un tecito, servido por unas viejitas con pintas de alemanas.
Nos llegó la carta y sufrimos. Tenían una variedad asombrosa de platos vegetarianos, empanadas, pizzas, hamburguesas, ensalada, etc. Era terrible, daban ganas de probar cada una de esas preparaciones, pensé que esto podía ser malo (a veces desconfío de un lugar que es capaz de cocinar tantas cosas sin tener tanto público), pero no, los ingredientes de cada plato eran básicamente los mismos, pero variaban su forma de manera tal que parecían únicos.
Lamentablemente, los precios eran altos para el estándar de este tipo de comida, pero tenían promociones bastante convenientes. Finalmente optamos por una que consistía en una chorrillana vegetariana y dos jugos naturales (7.030 pesos).
Los jugos llegaron a los 5 minutos y debo decir que eran excepcionales, él mío era de pera -y para mi gusto- no la pelaron, mi novio se pidió uno de kiwi. El jugo estaba helado, con mucha fruta, nada aguado, nada espeso: delicioso.
La chorrillana tardó, me gusta que ciertas comidas tarden… no hay como comer algo recién cocinado. Vimos llegar un plato de madera, bastante grande, con papas laminadas horneadas, zapallitos italianos, champiñones, cebolla y huevos (éste era opcional). Se veía espectacular y sabía realmente muy bien, todos los productos bien aliñados y el salteado de zapallitos con champiñones dejaban un gusto picante bastante agradable. La presentación impecable y el sabor mejor aún. Más sana que una chorrillana con las papas fritas y sin tantas grasas.
Luego dudamos acerca del postre, ya que estábamos satisfechos, sin embargo pedimos la carta para verlos. Este fue un punto flojo del local: habían poquísimas opciones de postre, donde la única interesante (un mousse de tofu) estaba ausente. Le comentamos esto al muchacho que nos atendió y el chef ofreció prepararnos panqueques con manjar y frutas, pero finalmente decidimos por no comer nada más. Nada como quedarse con el sabor de un buen almuerzo y caminar hasta el terminal.
